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¿Y por qué parir en casa?

Quizá la respuesta la encontrarán si se imaginan una fiesta de cumpleaños infantil en un hospital, o el aniversario de bodas de los abuelos en un quirófano. El que ve y entiende el parto como una celebración no lo puede meter en un hospital, si nos queda algún resquicio de percepción del parto como patología entonces sí argumentaremos que el hospital es conveniente.

Tiene sentido porque como digo es una celebración, familiar e íntima, es un evento que marcará varias vidas y traerá anécdotas y quizá hasta deje una mancha en una alfombra que llegue a ser parte de un álbum familiar hecho de aciertos, errores y otras aventuras.
Porque cuando la mujer tiene contracciones y se la deja en paz y no se le ha metido el miedo en el cuerpo culturalmente de la patología del parto, la mujer quiere estar en su casa, en su ambiente, con sus olores, y no doblarse para meterse en un taxi rodeada de estrés de gente que no entiende lo que le está pasando y aguantar así sin moverse hasta que llegue al hospital.
No entiendo como nos hemos metido en una cultura del nacimiento en la que una mujer de parto recibe instrucciones en lugar de darlas ella. En su casa, ella y su marido deciden, los invitados son los profesionales y su comportamiento por lo tanto muy distinto.
El parto en casa debería estar financiado por la seguridad social en España como lo está en el Reino Unido o en Holanda, por ejemplo. Las camas de hospital así como sus profesionales son necesarios para muchas otros casos, el parto en casa además ahorra dinero. Las mujeres deben ser informadas y respaldadas en sus opciones. Sabemos más que de sobra que el parto en casa es tan seguro como el hospitalario, siempre y cuando no haya problemas durante el embarazo.
El parto se sacó de las casas y al hacerlo, se medicalizó también a las comadronas.

Si creemos que el origen de la vida es patológico estamos construyendo una sociedad que se cree enferma, que no confía. La confianza está en peligro de extinción. La falta de confianza en nuestros cuerpos para parir, para amamantar, para educar y para ser felices, es realmente preocupante.

Si creemos en el origen de la vida como celebración entonces la vida es una fiesta, el origen de uno no es como si viniera de fábrica, sino un hecho excepcional con sus vicisitudes y anécdotas, y entonces uno se siente respetado y celebrado, y así ya se puede intentar vivir para estar a la altura de esta celebración.


Pero cuando hoy pregunto a la gente de mi generación, cómo fue tu nacimiento, es sorprendente el número de personas que no sabe absolutamente nada de su nacimiento. ¡Para estos seres su origen, el principio de sus vidas, ha sido de alguna manera declarado irrelevante!

Que el parto vuelva a las casas y con él las comadronas. Que el parto sea de las mujeres, de sus familias y de sus hogares. Qué la vida sea celebración y que tengamos la suerte de que alguien se acuerde de recordárnoslo.

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