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Necesitamos una tregua

  Necesitamos una tregua
Dedicado a Verónica González

Me han insultado, me han enfadado y por último hoy me han mandado un email, en el Verónica una desconocida me pide que me acuerde de las madres que no pueden amamantar. Sacudo la cabeza sin dar crédito y me acuerdo claro que me acuerdo, me pasan varios casos por la cabeza, con sus nombres sus sonrisas, sus ideas y sus esperanzas, y me llega por fin un caso en particular, una mujer sin pechos que vino a mi clase y que me habló con pasión de la lactancia materna y me contó que su madre era enfermera con bebés prematuros y entendía la importancia de la leche humana, a mi me pareció tristisimamente irónico que la mujer que tenía mayor consciencia de la importancia de la lactancia materna en ese grupo no tuviera pecho. Y fue por ella que acabé involucrándome en los bancos de leche en el Reino Unido, cuando descubrí a través de una de sus empleadas avergonzada por tener que comunicarme sus absurdos protocolos, que no le darían ni una gota de calostro al bebé de esta madre, ya que había muy poca y era sólo para los prematuros o enfermos. Aquí descubrí que pese a todo, pese a tanto protocolo y póster, no creemos en la leche humana. Y por lo tanto me ofrecí a promover el uso de los bancos de leche y ando haciendo una lista para presentar en la próxima reunión.
Me parece muy interesante la anecdota que cuenta Gabrielle Palmer, en "The Politics of breastfeeding" sobre como en los años 80 un zoólogo llamó a un banco de leche humana en Londres, pidiendo leche para una cría de orangután, la mayor parte de madres que vienen a mis clases no saben ni que los bancos de leche existen...Alguien que como yo trabaja con mamíferos parece tenerlo más claro con los orangutanes.

Volviendo al email, conozco casos, claro que los conozco, sé y he trabajado con alguna mujer que fisicamente no ha podido dar el pecho, pero también sé que la leche artificial se invento en 1843. Y también he oído historias de amas de cría, no tan lejanas en el tiempo, hace tan sólo dos generaciones. Y las amas de cría eran consideradas de la familia, y también sé historias de hermanos de leche, por ejemplo en la cultura islámica, donde es relativamente común amamantar al bebé de otra, no se acepta el matrimonio entre bebés amamantados por la misma mujer. Sé también de mujeres legendarias como Judith Waterford, ama de cría, que en 1831 a la edad de 81 años aún producía leche, en su tiempo produjo siempre dos litros de leche al día.
En los siglos XVII y XVIII una ama de cría ganabas más que su marido y ser un ama de cría de la realeza garantizaba un respeto social de por vida.

Pero el caso más triste, el que no me había planteado nunca es el que me llegó hace poco a través de una amiga mientras tomábamos un té, es el caso de un bebé, un bebé que no sabemos por qué fue puesto en manos de una familia de acogida tan pronto fue parido, la madre lo rechaza por completo. Como madre, como doula y habiendo leído y estudiado sobre este periodo de nuestras vidas, siento la urgencia de ir a abrazar a este bebé, sé la ternura sobrecogedora que me produciría tenerlo en mis brazos, y habiendo amamantado sé que mi cuerpo querría darle calor y alimento a este bebé.  La madre que acoge espera en una habitación a que acabé el parto de este bebé no querido, lo recoge de manos de una madre que lo rechaza, este bebé tiene la posibilidad de ser amamantado por la mujer que está dispuesta a acogerlo en el mismo momento que su madre le ha dado la espalda, en medio de esta historia yo descubro algo que me deja consternada, si la madre que acoge amamantara a este bebé las autoridades se lo quitarían de inmediato. No entiendo, pregunto, lloro y alucino, me parece una frialdad horrible y absurda, para mí es como si le hubieran dicho a la madre que lo acoge que no lo bese o no lo acaricie.
Qué demonios predicamos sobre la lactancia materna, cuando en tan sólo tres generaciones, hemos olvidado quién somos, nuestra cultura, nuestra identidad y a nuestras heroinas. Como hemos llegado a sentir repulsión de nosotros mismos, nuestro cuerpo y nuestra leche.

Las madres no peleamos, no competimos para ponernos medallas o humillar a la otra, la madre es madre y eso la hace un ser empático y compasivo. Las madres tenemos una historia robada de protección de todos los niños, el instinto maternal lo es para todos los seres vivos, las madres entendemos desde la compasión de saber que ese que es el otro tiene o ha tenido una madre que lo ha querido como es o que no tuvo a una madre que lo quisiera.
Nos han robado la habilidad de entender quién somos. Las mujeres han criado entre todas a los hijos de otras para garantizar la supervivencia de esos niños, si una madre moría el bebé pasaba a ser de todos ya que todas las mujeres le habían alimentado, así ya no se le podía abandonar, había un vinculo físico. 
Hoy se abandona a los niños, veo en autobuses y supermercados abuso verbal y físico , y la tribu que ya no lo es mira para otro lado. No hablo de volver a las cavernas, pero me niego a que las mujeres nos sigamos peleando porque a Nestlé le produce dividendos y porque estamos tan lejos las unas de las otras y de nosotras mismas que ya ni nos conocemos. Me niego a que de un  plumazo nuestra independencia, libertad e identidad se canjeen por paquetes de leche en polvo. 
No hace tanto que nuestros hijos eran nuestros y nuestra leche también era nuestra.

Mi lucha no es contigo.
Peleo por ti y por mí, por quien fuimos y por quien seremos.















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