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Por la recuperación de la maternidad expropiada

Por la recuperación de la maternidad expropiada
Las mujeres gestan a sus hijos durante nueve meses, los alimentan, los mantienen así a la temperatura perfecta, y van con ellas a todas partes, creciendo en sus justas proporciones hasta llegar por fin al momento en el que están preparados para nacer. Entonces activan un complejo proceso químico y mecánico que los trae por fin a la vida fuera del útero. Al nacer lo primero que hacen es encontrar su fuente de alimento en el pecho de la madre. Lo consiguen a través del olfato,  la vista, y pequeños movimientos. Se establece una comunicación de saliva, olores y suaves "golpes" con los puños que en secreto están generando el alimento que necesita para sobrevivir, lo hacen estimulando la producción de oxitocina en su madre, la hormona necesaria en el vinculo, producción de leche para expeler la placenta, contraer el útero y reducir hemorragias. Las hembras mamíferas se definen cómo tales por amamantar a sus crías. Esto es lo normal, lo olvidado, pero no obstante lo normal, en la gran mayoria de los casos...

Las mujeres me hablan de la necesidad de beber bebidas energéticas durante el parto, de tiempos establecidos para que el bebé este tumbado sobre su propio pecho (en inglés lo llaman “tummy time”) me hablan de aparatos para insertar en la vagina, para evitar episiotomias y tener mejor vida sexual, me cuentan técnicas para sacarse leche por si el niño pegará un estirón y a tu pecho le pillará “desprevenido” etc...Escucho con atención e incomprensión, sacudiendo mi cerebro por no poder sacudir mi cabeza, pero lo único que consigo descifrar es que todo esto son sintomas de una misma enfermedad social con un largo nombre:
“Nuestras-mujeres-no-pueden-parir-ni-alimentar-ni-cuidar-a-sus-bebés”
Hace ya algún tiempo que nos partieron las piernas para vendernos todo tipo de muletas...esto continua a día de hoy, y se hace más complicado por momentos.
Lo más increíble es que ya hemos llegado al punto de tener a nuestra disposición un artilugio que reduzca el riesgo de episiotomias, cómo si estás fueran algo espontáneo que nos ocurre sin ningún control, como al que le cae un tiesto de un balcón, les recuerdo que estás son llevadas a cabo por nosotros mismos.
De la misma manera que como tratamiento para evitar la inducción del parto, se nos introduce la mano en la vagina, para manipular la cervix y estimular las contracciones.
Intentar evitar la inducción a manos de los mismos que la administran...sigo sin entender.


Las mujeres hablan en foros sobre la libertad de elección, tiemblan ante la idea de imponer a otras como deben parir, alimentar o cuidar a sus bebés.
No consigo entender cómo hemos convertido el fomentar la salud, reivindicar una capacidad física que nos ha sido expropiada por intereses económicos y el proteger una herramienta esencial para la supervivencia de nuestra especie, en algo que sea un argumento politico, un debate sobre la libre elección o una opción intelectual.
Desde mi punto de vista, no conozco una mayor represión o imposición social, que aquella que no me permite parir, como y cuando quiero, aquella que no acepta ni social ni laboralmente mi maternidad, la que decide a través de interesés politicos y economicos, como alimento a mis hijos, la que me dice que mi cuerpo es un objeto sexual de quien lo mira y quién lo "usa". 
No veo una mayor imposición para una mujer que la de un sistema que le exige que vaya contra su instinto, se tumbe y se abra de piernas y enseñe como pare a su hijo, por la comodidad de los observadores y por si hubiera que ayudarle. 


La imposición social que ha enemistado a las mujeres con ellas y con las demás,  y a los padres con sus hijos al convertir a los niños en estorbo social que hay que controlar y enviar a la guarderia lo antes posible, es una de las más tristes que conozco. 

Si nuestra biología no encaja en esta sociedad, habrá que cambiar la sociedad y no al revés.
Si yo me pronuncio como mujer, madre, mamifero...sólo puedo existir en una sociedad que me acepte como tal, la alternativa es la negación de mi esencia, mutilación de mis atributos y en definitiva suicidio espiritual.

O sea que la historia se desarrolla más o menos así, las mujeres paren durante miles de años, tenemos éxito como especie, crecemos y de repente alguien interviene, esta intervención crea un montón de problemas, pensamos que estos problemas no han sido observados o atendidos antes, inventamos como solucionarlos, conclusión: la mujer no sabe parir, ni alimentar, ni cuidar de sus bebés...esto necesita observación, medición e intervención continua. Por otra parte esta situación genera una industria en torno a este proceso que genera grandes beneficios económicos, cuando se empieza a sugerir que quizás hay que devolver el parto expropiado, los intereses económicos se alzan como muros infranqueables, fomentando la ignorancia, presionando, contaminando, desposeyendo y usurpando.
Hay otra historia que necesita ser contada, hay algunas intervenciones que salvan a niños y mujeres, son un orgullo de nuestros avances y de nuestra inteligencia, cuando estás intervenciones se aplican de manera rutinaria o masiva, ponen en peligro a madres y niños y por lo tanto ambos necesitan de más intervenciones. Nuestro progreso reside en saber que no lo sabemos todo, en admitir que no se puede inventar una leche de laboratorio que sea igual a  la que una madre produce y esto es extraordinario y maravilloso, jamás se podrá replicar el amor que yo siento por mi hijo de manera artificial, que no hay nada que pueda controlar el parto sin modificarlo, que no podemos predecir un parto, y esto no es un problema, ni una desventaja, es parte de lo extraordinario, de lo que se nos escapa y que debería dejarnos absortos que esto es magia, es vida y es sorpresa un material esencial contra el pesimismo y la depresión.
Es una pena que una gran parte de profesionales que trabajan en paritorios en hospitales no sepan, no hayan visto ni tengan experiencia profesional en lo que es un parto.


Y para todos aquellos que insisten en que les debemos algo, quisiera recordarles que las muertes que según ellos ya no existen no han sido erradicadas, fueron reducidas, por el uso de anticonceptivos, por la reducción de las practicas de abortos ilegales una mejor higiene y drogas para tratar las infecciones causadas por la falta de la misma.
La hemorragia posparto una de las cuatro razones de mortalidad entonces, se ha reducido gracias a ciertas drogas, pero le recordamos a nuestro querido mundo occidental, que esto sigue siendo una causa de mortalidad en el mundo en vías de desarrollo y este es una gran parte de nuestro mundo. También quisiera recordarles que una de las razones por las que Estados Unidos ha doblado su numero de mortalidad materna en los últimos veinte años, es porque un tercio de sus nacimientos son por cesárea (el doble de lo que les recomienda la OMS).
Por lo tanto, nuestras condiciones de supervivencia, pueden ser mejoradas, con higiene, tratando la infección si ocurre, y administrando una droga que pueda parar la hemorragia.
Y obviamente el poder hacer una cesárea en casos de absoluta necesidad.
Pero no hemos mejorado absolutamente nada por hacer episiotomías rutinarias, monitorización permanente, tumbar a la mujer de espaldas, administrarle oxitocina artificial y quitarle el control de la situación. Les hemos puesto en peligro, de hecho hemos empeorado psicologica y socialmente, en especial las mujeres y con ellas sus familias que creen que no pueden ni saben: parir, nacer, o sobrevivir. Y con estas familias y sobre esta constante negación edificamos nuestro mundo.

Hemos creado una sociedad dependiente, en una constante diálisis mental de leche en polvo, oxitocina sintética, de suplementos vitamínicos, y prevenciones del riesgo que no existe.
Nuestra libertad empieza en el nacimiento, nuestros bebés llevan una pulsera que los identifica, los identifica como el producto de un sistema, de una serie de intervenciones, llevan pulseras de plástico, porque en algún momento se les separará de sus padres, y por seguridad...¿hay mayor seguridad que la protección de los brazos de su madre?
Y si esos brazos no están ahí para protegerle, ¿no deberíamos preguntarnos por qué antes de ponerle una pulsera de plástico?.
El parto es el folclore, el lenguaje, la historia, el arte, el puente y la tradición de las mujeres. Es nuestra primera definición, nos hace conectar y pertenecer, es nuestro referente humano.
El parto es el momento de transición de una generación a otra y nos pertenece desde la normalidad y el respeto, si nacemos como una sociedad enferma, no nos queda otro futuro que crecer y morir como tal. Celebremos quien somos, celebremos la vida, celebremos el parto y a nuestros hijos, ¡La vida será una fiesta!

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