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Somos las madres de Gaza, somos las madres del mundo.

Anoche vi algo que quisiera no haber visto nunca, anoche vi algo que me quema el cerebro como si fuese ácido, anoche vi algo que creo que no olvidaré jamás.

Hace tiempo que me hice la promesa personal de no ver las noticias por muchas razones que no vienen al caso. Anoche me las crucé cambiando de canal, y lo que vi en apenas tres o cuatro segundos se me repite en la cabeza una y otra vez. Eran noticias de Gaza y un bebé que no tenía un año y que podría ser uno de los míos o los tuyos, lloraba vendado lleno de quemaduras y agitando sus extremidades a las que le faltaban pies y manos, la madre con el gesto completamente retorcido ante semejante visión de dolor en su propia criatura miraba a la cámara como pidiendo un milagro, como queriendo que alguien le dijese que todo era una pesadilla. Cambié el canal en pánico y me eché a llorar desolada y con mi hija dormida sobre mi pecho. Y miré a mi alrededor y me sentí culpable, culpable de saber que sólo por el mero accidente de mi localización geográfica tengo el lujo de vivir en paz, de comprar basura superficial, de preocuparme por trivialidades que serían borradas de un plumazo si mañana (toquemos madera) nos cayese una bomba al lado. Y leo y debato los "razonamientos" detrás de la barbarie, las normas del absurdo y lo siento, me niego desde mis entrañas de madre a comprender nada, porque el día que empezamos a razonar sobre reventar bebés con artillería ese día perdimos la razón.

No quiero entender de guerras históricas, ni de los intereses económicos que protegen la perpetuación de las mismas, no quiero entender que otros padres y madres son capaces de mirar a otro lado mientras votan o simplemente deciden que el dinero importa más, porque de alguna forma que no alcanzo a comprender a ellos/as, como políticos/as estás imágenes hace tiempo que han dejado de quemarles el cerebro como si fuese ácido. 

No puedo dejar de preguntarme, si la maternidad puede salvar al mundo. Si el matriarcado  llegaría también a semejante barbarie. Quizá. Creo que ya nos corrompimos demasiado en la persecución de lo material. Ya olvidamos demasiado quienes somos. Y al final concluyo que no vivo en paz, ni soy una privilegiada, vivo del lado del enemigo, porque he llegado a la conclusión de que si estamos en situaciones de auténtico lujo, comparado con el resto del mundo que tan a menudo se nos olvida, es porque ese lujo y esa paz se financian a costa del sufrimiento de miles de inocentes.
Espero que no se me olvidé nunca ese dolor de ese niño amputado en esta tragedia, espero que no se me olvide nunca que el lugar en el que muchos de nosotros vivimos es un decorado vendido y comprado en un pacto en el que nos comprometimos  a cerrar los ojos y expiar la culpa compartiendo esta entrada o mil vídeos en facebook. 
Pienso que la vida es un accidente, que mi madre me parió en Alicante pero podría haber sido en Israel o Palestina, pienso que ni ella ni yo tuvimos elección pero pienso que todas las madres tienen la posibilidad de maternar al mundo y todos los hijos tienen la posibilidad de encontrar una madre en cualquier parte del mundo y con esa idea me encantaría que las madres saliesen mañana a la calle sin más bandera que su útero y sin más ideología que el abrazo y el consuelo.
Me encantaría que por un día el mundo fuese de las madres y de sus hijos, porque de hecho aún lo sigue siendo.

                                        



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