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Casarse siendo feminista, o al menos intentarlo



(Esta entrada está escrita a petición de muchas compañeras y a modo de gratitud para quienes contribuyeron con sus ideas, donaciones y productos en ese día)


Nunca me han gustado las bodas, no sé por qué pero nunca las he entendido.
He tenido verdaderas trifulcas con amigos que se han casado (por la iglesia) cuando jamás han creído ni en bodas ni en iglesias. Y en toda mi vida solo he ido a dos bodas.

Bolsa 
Así que en las dos ocasiones que mi pareja y yo hablamos del tema nunca imaginé una boda sino un trámite burocrático. Aunque he de decir que me tentaba mucho usar la aceptada convención como excusa para ir descalza hasta el juzgado tirando flores a mi paso o seguida de una orquesta y cualquier otra excentricidad que se me pasara por la cabeza. 

La primera vez que lo hablamos fue tras nacer nuestro primer hijo y descubrir que no era automáticamente británico en aquel entonces (2001) a no ser que estuviéramos casados, la ley cambió al día siguiente del cumpleaños de nuestro segundo hijo cuando para entonces aún seguíamos sin estar casados (2006).

Cuando en aquel entonces hablamos de la posibilidad de realizar el trámite, mi suegra hizo que le prometiéramos que podría estar presente, y que aunque todo lo que hiciésemos fuera firmar un papel en el juzgado no lo haríamos sin decírselo para que pudiese asistir, lo que nos llevaba a tener que decírselo también a mi familia obviamente. 

Así que en primavera, y en plena inestabilidad política tras el Brexit y recién salidos de una pequeña inestabilidad emocional como pareja, él me planteo casarnos, advirtiéndome que sabía que iba a decir que no. Hay quien dice que soy tan de llevar la contra que es lo único que me mueve, quizá por eso o quizá porque me pareció que tenía sentido, dije que sí.
Fuimos al registro civil que nos correspondía en Londres y al ver los lazos naranjas de la sala en el registro civil me agobié un montón y anuncié que por poco que me importara el evento no podía ocurrir en ese sitio. La estética me mataba.
Y por eso  al final y pese a mil resistencias a que fuera un "evento", nuestro casamiento acabo siendo al aire libre en un lago en Escocia. Y también porque tenía sentido por una canción muy especial para nosotros y que quise que sonara ese día.
Aunque estábamos muy relajados al final hubo que planear algunas cosas. Nos sorprendió que pese a lo minimalista de nuestras expectativas al final hubo nervios, gastos y preparación. Por suerte tengo una psicóloga maravillosa con la que pude hablar de estas dicotomías con las que me machaco a menudo.

En el proceso aprendí algunas cosas:
Encontré cosas como esta...
El machismo implícito en el "mundo de las bodas superó mis expectativas.
Una cosa que se repetía incesantemente en forma de figurita, slogan en las tarjetas o decoración de tartas era: "el hombre ha sido cazado por la mujer" lo que lleva a la otra reflexión  "la diversión se acabó"

También descubrí que es difícil escapar a lo tradicional o al menos es difícil buscar porque todas las búsquedas de Google parecen llevar a lo mismo y porque es difícil inventarte tu boda cuando en realidad tampoco quieres una "boda".

En esto me sentí muy agradecida a todas las parejas homosexuales que parecían ser las que más habían cambiado las reglas de muchas de las convenciones.
Y también encontré una web que tiene bastantes contenidos más allá de lo común.

Creo que como a los dos nos gusta experimentar con nuestras vestimentas, empezamos por planear eso y sabíamos que nos vestiríamos como nos apeteciera sin pensar en las expectativas yo llevé pantalón y el un kilt (falda escocesa) pero no el tradicional.

A quienes vinieron se les dijo que  se vistieran como quisieran.
 Incluidos mis hijos. Que eligieron la ropa que llevaron. 

Procuré comprar casi todo en negocios pequeños , ecológicos y/o respetuosos a través de Etsy, y fue fantástico poder tener un trato directo. Todos fueron súper amables e intentaron mandar las cosas con suma puntualidad.  
Como mi traje era lo único que provenía de una cadena internacional de tiendas poco respetuosa, decidí que lo donaría a Oxfam tras la boda para poder restablecer en algo el desequilibrio.  




Esto también me hizo pensar en otras mujeres y en especial otras niñas y quise que mi privilegio pudiese servir para algo, por lo que organicé una colecta online contra el matrimonio infantil a través de una ONG que también combate la fístula obstétrica y la Mutilación  Genital Femenina

                                                                                                                      
Como confetti usamos semillas para los pájaros en saquitos de papel. 


Como recuerdo para los invitados semillas de flores salvajes para plantar con mensajes sobre la importancia de las abejas
y cómo detalle personal, con el champán que tomamos antes de comer justo tras la boda unas galletas de barquillo en los que encargué imprimir la letra de la canción (en tres idiomas) que sonó en el lago antes de casarnos. 
Las fotos fueron el regalo de mi hermano.

Y mis pendientes un tributo a quién admiré toda mi vida y a quién debo quizá toda mi transgresión, Bowie.





Pero lo más importante fue elegir el texto con el que se nos iba a casar y quien lo iba a hacer. 

En principio íbamos a contratar a una humanista. En Reino Unido hay una asociación humanista que celebra bodas oficialmente. Al final descubrimos que el registro civil era bastante flexible y nos costaba menos y nos decantamos por ellos. Pero en el último momento nos dijeron que nos iba a casar un señor con el que no habíamos tenido ningún trato y pedimos que fuera la señora con la que habíamos tratado. Y dijimos que para nosotros era importante que fuese una mujer por ser una representación matriarcal. Tras varios emails así fue. 
Me mandaron varios textos y al final escogí el más simple , lo repasé y les mandé mis cambios. 
Básicamente cambié todas las veces que decían: "bride and groom" (novia y novio) por nuestros nombres propios. Y también a las demás personas que tomaron parte se les llamó por sus nombres. Adjunté una nota el la que decía que bajo ningún concepto cambiaría mi apellido por el de mi marido.
Alterné el orden en el que se dirigían a nosotros en el texto, ya que siempre era el hombre quien iba primero. Y cambié el "puedes besar a tu esposa" por "podéis besaros"

Decidimos que no queríamos anillos y optamos por el ritual de atar las manos entre otras cosas por el texto que se leía que para mí tenía más sentido. 

Cada uno de nuestros hijos escogió un lazo y en ellos escribieron mensajes la noche anterior, nos ataron las manos nuestras madres y nuestros hermanos firmaron como testigos. Al ser una boda pequeña pudimos incluir a todos.
Después celebramos una comida ya dentro de el hotel pero aún mirando al lago justo dónde nos acabábamos de casar y lo pasamos muy bien. Y cada uno escogió lo que quería comer.

Tras la comida los niños se fueron con la familia y nosotros pasamos la noche en la mejor habitación del hotel sobre el lago. 

Esa noche cenamos mirando al sitio donde nos habíamos casado esa mañana y puedo decir que fue un recuerdo feliz. No por lo que representaba si no porque había sido un día en el que extraordinariamente había salido el sol y había servido de excusa para planear algo juntos, traer a mi familia a Escocia y mirarnos a los ojos y ver en ellos los 20 años de sentimientos tejidos juntos en un paisaje tan increible. No fue necesario pero fue hermoso. 

             

Y tal y cómo decía nuestra tarta de Chocolate y Guiness, lo mejor está por llegar...

                                         





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