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Ese machismo que nadie parece ver



El otro día el Huffington Post español, que tiene para mi muchos puntos a su favor en lo que a enfoque feminista se refiere, tales como ser un periódico digital fundado por una mujer y estar dirigido en España por la magnífica periodista Pau Domínguez y contar en sus filas con colaboradoras como la artista feminista Yolanda Domínguez publicaba una noticia sobre un twitter de un ginecólogo “angustiado” diciendole a las mujeres que no paran en casa.

Hace no mucho una carta de intención similar de una obstetra argentina se viralizaba. Yo la publiqué al contestarle aquí.

Lo más indignante de el artículo del Huffington Post, para muchas de nosotras que llevamos años luchando por los derechos de las mujeres (y sus bebés y sus familias) en el parto, es que en estas notas y artículos se sigue sin entender que la decisión de dónde parir es derecho de las mujeres. Y los tonos machistas y/o paternalistas que se suelen utilizar asustan.

El artículo hablando de un ginecólogo angustiado acompañado del tweet aleccionador sobre la mujer rescatada, el marido agradecido recuerda a tantas noticias sobre mujeres en las que las mujeres siendo el tema y el foco acaban resultando invisibles.

Personalmente y queriendo imaginar las buenas intenciones de este ginecólogo y del periódico digital, me parece una irresponsabilidad por parte de cualquier medio de comunicación hoy en día seguir perpetuando mitos tales como que:
-El parto fisiológico lo atienden médicos
-Los médicos tienen poder sobre las decisiones de las mujeres
-El parto es un proceso intrínsicamente patológico. 

Yo no soy ginecóloga ni matrona. Soy profesora de preparación al parto por una especialidad universitaria que existe en Reino Unido y que me llevó tres años estudiar. A día de hoy trabajo para la organización principal en Reino Unido que ofrece educación perinatal y lleva 60 años ofertandola, además de ser una organización reconocida por las instituciones obstétricas como la mayor responsable en las mejoras en la atención al parto gracias a innumerables campañas. 
He dado clase a más de 2.000 parejas. He parido tres veces en Londres, tres partos maravillosos uno en hospital y los otros dos en casa. Y he trabajado durante varios años como activista digital luchando contra la violencia obstétrica. 
Pero además tuve atonía uterina en mi tercer parto, el que era mi segundo parto domiciliario. 
Para quienes no sepan de qué estamos hablando explicaré lo más breve y sencillamente posible, que nos referimos a lo que ocurre cuando el útero no se contrae tras el parto, y es que una vez ha salido el bebé  necesitamos que el útero siga contrayendo, esto ayudará a que la placenta sea expulsada y disminuirá el sangrado, evitando una hemorragia. Esto es algo que fisiológicamente ocurre gracias a la producción de oxitócina, la hormona que se conoce a veces como la hormona del amor, que está presente en el enamoramiento, la vinculación afectiva, el orgasmo, las contracciones de parto, el reflejo de eyección del bebé, la producción de leche materna y la eyección de esta. Una hormona que para producirse necesita de intimidad, luces bajas, poca interacción intelectual, contacto piel con piel y calor entre otras cosas.
Durante los últimos 150-200 años, desde que el parto se llevó al hospital y fue asistido por un nuevo gremio: el de los obstetras, quienes en sus inicios eran todos hombres, el parto que hasta entonces era una situación acompañada de manera matriarcal y asistida desde el conocimiento milenario desarrollado por las matronas se fue contaminando por una serie de nuevas prácticas que solucionaron algunos problemas y crearon muchos otros. 
De hecho se fomentó todo un sistema en torno a él que si algo conseguía con éxito era reducir la producción de oxitocina, hormonalmente hablando. 
Procedimientos como la separación sistemática de madres y bebés, la inmediatez del clampaje y corte de cordón, el estrés de verse rodeada de extraños (a menudo con mascarillas quirúrgicas), la integración y atención del parto en un sistema médicalizado,  el aislamiento de las mujeres de sus redes matriarcales y seres queridos,  posturas anti gravedad, fármacos sedantes, etc...Crearon situaciones tremendamente complicadas hormonalmente para que las mujeres lograran parir sin complicaciones, de hecho a mi aún me parece increíble que de vez en cuando aún lo hicieran. 
Y resumiendo mucho, estas prácticas generaron muchos problemas y complicaciones que acabaron por justificar la necesidad de más intervención y la idea de peligrosidad de todos los partos sin distinción.
Hoy en día, al menos donde yo vivo, he parido y dónde también ejerzo como especialista en educación perinatal,  Londres. Se intenta deshacer todo lo que se hizo mal porque se entiende que separar a las madres de sus bebés, estresarlas y cortar el cordón demasiado pronto son prácticas que incrementan ciertos riesgos. 
Interrumpir la producción de oxitocina separando a la madre del bebé y/o estresándola podría fácilmente generar una atonía uterina. 
Sabemos cosas tan fascinantes como que al dejar al bebé sobre el pecho de la madre cada vez que el bebé pone sus puños sobre el pecho de la madre en busca del pezon tras el parto, se produce un pico de subida de oxitocina en la madre. 
Pero hoy en día en lugar de hablar de los errores cometidos si bien se intentan remediar con prácticas más respetuosas se suele plantear esto como un nuevo ideal, como una alternativa moderna recién descubierta. No como una restitución de lo que madres y matronas sabían y hacían  hasta hace no mucho. O ni siquiera como lo que les pertenece a madre y bebé por derecho.
Explico todo esto para que se entienda el contexto y para intentar informar en lugar de asustar. 
Cuando el útero no contrae tras el parto (atonía uterina) es una complicación seria. En mi caso yo sabía con mi hija en brazos que era así. Pero también sabía que tenía a dos matronas maravillosas que atienden partos en casa para el Hospital de Kings College (a diez  minutos de casa) y ellas tenían instrumental y una droga que combina oxitocina sintética con otras que hacen contraer el útero. En mi caso, me masajearon el útero, se aseguraron que tenía bastante calor algo que yo misma les indiqué que me faltaba (esto ayuda a la producción de oxitocina endogena) y me inyectaron syntometrine (oxitocina sintética y ergometrine), eso fue suficiente para resolver el sangrado en cuestión de un par de minutos, que de hecho creo que no alcanzó lo que se considera una hemorragia (termino que a veces varía entre los 500 y 1000 ml) La placenta tardó en salir cosa que resolvieron insertando con mi consentimiento  un catéter que extrajo de mi el exceso de orina que al haber distendido la vejiga parecía interferir en la salida de la placenta. Después de eso parí activamente y en cuclillas la placenta. 
Qué hubiese pasado si la droga antihemorragica hubiese fallado.
. Hubiera sido una situación  peligrosa que ellas hubieran manejado profesionalmente llamando a una ambulancia y al hospital mientras la otra matrona haciendo una maniobra de compresión del útero hubiese controlado la hemorragia hasta llegar al hospital. ¿Puede fallar esto también? Podría, hay fatalidades que pueden ocurrir siempre, incluso en un hospital y con toda la ciencia y todo el equipo necesario, pero son muy muy poco frecuentes.
¿Podía haberme pasado? Pueden pasar muchas cosas que escapan a nuestro control. Pero desde mi perspectiva veo más estadísticas y escucho más historias que nos hablan de intervenciones innecesarias y mujeres traumatizadas o no respetadas en sus partos en hospitales que casos de muerte por atonía uterina en casa.
Por citar un par de referencias: 
Hay un estudio de 1997 (Olsen) que revisó 24.000 partos y no hay ninguna muerte por atonía uterina.
Y otro el de National Birthday Trust que tras revisar 6.000 partos tampoco informa de ninguna muerte por esta causa.
Y yo personalmente aún no he leído ninguna referencia a esto. 
Cabe añadir además que hay un menor riesgo de sufrir una hemorragia en casa que en un hospital ya que hay menos intervenciones y no se realizan procedimientos como las inducciones que pueden aumentar este riesgo (*).
No se trata de abogar por un parto así o asá, allá cada mujer con lo que decida, de hecho el parto hospitalario no está ni mucho menos en peligro de extinción, la mayoría de partos son en hospitales a día de hoy. Tampoco se trata de trivializar o minimizar una complicación que puede resultar muy grave e incluso letal especialmente en países del tercer mundo por no tener las drogas que aquí tenemos, que son exactamente las mismas que se utilizan en el hospital y en casa. 

Se trata de dejar de infantilizar a las mujeres diciéndoles lo que tienen que hacer. Se trata de que las mujeres tenemos derechos en el parto que son silenciados una y otra vez. Se trata de que hay un area socialmente silenciada donde el machismo impera y se ejerce cada día a través de películas, artículos y tweets, y es el parto. Donde cada vez que hay una noticia al respecto se habla de un héroe y una mujer salvada o de la censura de imágenes de partos fisiológicos.
Donde en una combinación letal de ignorancia y promoción de miedo se continúa con una mitología que nos inculca ser temerosas y renunciar a la capacidad de decisión. Algo que es la culminación de toda una ideología patriarcal que ve nuestro cuerpo como algo para su beneficio o como algo profundamente defectuoso que necesita ser curado y rescatado.
Y que además por defecto de los tiempos que corren donde la persecución del debate incendiario y el posicionamiento inflexible y desinformado llena las redes sociales, se generan noticias e hilos (en un tono muy guay eso sí)  que hacen de nuestros derechos algo debatible. Y donde un grupo de profesionales se puede convertir rápidamente en un grupo de trolls para decirle a una que "calladita,  que tú tendrás útero y serás madre y especialista en educación perinatal pero no tienes ni idea de lo que dices".
Unas redes sociales en las que un montón de mujeres se reirán de una porque todo lo que han leído y aprendido les dice que la que aboga por sus derechos para decidir lo que quieran es una temeraria, una loca.
Pero es que temerarias y locas siempre fuimos las que reclamamos nuestra libertad y derechos, qué curioso. 

Y ahora sé que por escribir esto se me pondrá a parir, expresión curiosa, y yo ya no estaré en las redes para contestar. Porque mis derechos no son debatibles. Nuestra decisión en torno a ser o no madres, cuándo, cómo y dónde parir es absolutamente nuestra.
Y esa decisión por absurda, arriesgada y extraña que nos parezca, la compartamos o no, sobre dónde y cómo parir es de las mujeres. Y quienes son las especialistas para asistirnos, si no hay complicaciones en nuestros partos, son las matronas . Y el parto es un proceso fisiológico hasta que se demuestre lo contrario. 

Negarles a las mujeres su capacidad de decisión en sus partos. Hablar de ellos como si ellas no pintasen nada. Retratarnos como locas irresponsables por nuestras decisiones al respecto, contar historias de terror con fines aleccionadores. Silenciar e invalidar nuestro conocimiento y opiniones es un indicador de machismo que dice mucho del país en el que ocurre. Pero además la labor de los y las profesionales es ofrecer los mejores cuidados alrededor de sus decisiones y dado que a veces los partos ocurren espontaneamente en casa, y que hay más y más mujeres solicitandolos, lo que habría que hacer es ofrecer sistemas de salud que los asistan, cosa que además hace que estos partos sean así más saludables (*) Quizá la prensa debería estar más atenta a los temas obstétricos e investigarlos en profundidad para desentrañar dónde se esconde un gran machismo cada día. 
Por todo ello escribo esto no para iniciar un debate o discusión, sino para establecer por escrito la reivindicación de mis derechos y los de todas las mujeres.



"Por ponerlo de manera sencilla, cuando en una sociedad no existe el parto en casa, o cuando el parto en casa se relega a la clandestinidad, el conocimiento esencial sobre la capacidad de las mujeres para parir, se pierde para todas las personas de esa sociedad, asi como para sus profesionales y también para las mujeres en edad de engendrar." Ina May Gaskin, Matrona y escritora.

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