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Ser o no ser he ahí la cuestión


Eso decía Shakespeare aunque quizá porque soy mujer me identifico más con las primeras lineas del poema de Santa Teresa de Jesus que decían "Vivo sin vivir en mi", ya que es una frase que me recuerda a como me siento en este mundo que que se mantiene gracias a un sistema que siempre está contra las de mi genero. Aunque creo que ella hablaba de las prisiones elegidas y la devoción a un Dios que es algo que a mi me pilla muy lejos como atea apasionada que soy.

Lo de ser o no ser, me ha venido a la cabeza, por un debate que llevo lidiando conmigo misma desde mi propuesta de #lasimperdibles, una iniciativa que ha explotado cual bomba de estrógeno que dirían las Guerrilla Girls.


Estoy intentando que Las Imperdibles seamos una resistencia real, es decir resistir ante la locura que vivimos, el desequilibrio que padecemos y la injusticia que sufrimos. Y mi manera de resistir es con todo lo poco que me queda tras esa aniquilación constante, asegurarme de que no se nos olvide quienes somos y lo que importa. Y mientras tanto decenas de emails me llegan por todas partes pidiendome que denuncie a quienes insultan a la víctima de La Manada, que me queje por esta y aquella injusticia o que escriba cartas y peticiones por las sempiternas causas que nos rodean, literalmente como un cerco de imposibilidad. Y una vez más la ira me devora, el miedo me puede y como una loca quiero asegurarme de que nada de esto afectará a mi hija, que mis hijos nunca olvidarán el feminismo con el que les eduqué. Y me doy cuenta de que mientras tanto no vivo, otro puñetero triunfo para el enemigo.
Los momentos más felices que tengo en cuestiones feministas son las comidas que comparto de vez en cuando con mi amiga la artista feminista Veronica Perez-Karlesson de la que he aprendido mucho, entre otras cosas a disfrutar también mientras se lucha, a ver el feminismo con una confianza en una misma que no contemple ni tan siquiera un ápice, el que otro nos defina o nos cuestione, ella siempre me lo recuerda. Nos falta la risa, nos falta el placer, es cierto.
Y yo, si no tengo el placer, la alegría, el disfrute y la risa, siento que también pierdo. Si me paso horas en el ordenador limpiando la mierda (así lo siento) que generan seres execrables tipo forocoches, Tribuna de Cartagena, el juez psicópata que ve interacción dónde otros ven pedofilia y placer donde otros ven violación, y otros que se extienden en un etcetera ad infinitum.
Se me va la vida, y no se me va gratis, se me va con dolor de estómago, con ansiedad, con estrés, con desazón y angustia y dejando de estar con mi hija, una dicotomía de la que habló también Sheila Kitzinger, cómo podemos mejorar el futuro de nuestras hijas sin perdernos su presente, también es una ecuación feminista.

Y me niego, y me cuesta, pero me niego, me niego a que me quiten eso, porque empiezo a sentirlo como una violación intelectual.
Mi mente, mis sueños, mi risa y mi esperanza no pueden ser de otros, mi dignidad en mi capacidad de disfrutar de la vida sin que mi placer dependa de ninguna autorización es lo que en estos días atesoro con obsesión.

La vida es ciclica, la rabia también, y funciona, hay muchas compañeras que están gritando esa ira por mi y ese es su momento, hay otras sabias retiradas que se dedican a escribir sin alterarse y también es su momento. No hay un feminismo hay muchos y siento que tampoco hay una lucha si no todas, desde la anonima en casa a la de los cánticos colectivos en el 8M en Bilbao.
Mi lucha ahora, siento que es asegurarme de que no nos desdibujamos, asegurarnos de que en el horror que es facebook (que es la vida amplificada y expuesta en superlativos) para muchas de nosotras, podamos buscar refugio y recordarnos aquello que debería ser absolutamente #imperdible nuestra capacidad, nuestra sororidad, nuestra inteligencia, nuestra fuerza, nuestra alegría, nuestra busqueda de alternativas, nuestra lucha de siempre, nuestra resistencia en el vivir.
El problema es que a veces esto se puede percibir por otras como una rendición o como una ausencia de lucha. Yo siento que con 43 años y todas las opciones posibles ahora mismo y haciendo un gran esfuerzo, me niego a darle mi toda atención al monstruo aniquilador que me piensa suya y perderme por el camino. Ahora lo que me interesa para poder resistir es asegurarme de que las que vienen detrás, entre ellas mi hija, no se olvidan nunca de quienes son y quienes somos.

Y últimamente el placer se me antoja revolucionario, el placer de vivir en mis propios términos, de compartir con otras e investigar nuestra identidad juntas, no seguir ni un minuto más creyendo lo que nos han contado y siguen contando. No pensarme como la víctima irremediable que me dicen todos los días que soy.
Porque la descripción de "mujer"  quiero que la escribamos nosotras, porque como ya se ha empezado a decir, el consentimiento del que hablan sigue dando el control al otro, porque también parto respetado como ya he dicho muchas veces me ofende. Porque ya no me interesan sus migajas, ni decidir como reacción a sus decisiones.
Me arden varios siglos de injusticia dentro y no soy capaz de negociar nada más, porque ni tan siquiera le permito al patriarcado que decida una vez más cuánto "de lo suyo" nos pertenece. No, lo que yo quiero es lo mío y lo quiero todo.
No me interesa su permiso, mi libertad no es debatible ni negociable, quienes somos no lo van a seguir definiendo los otros, los que también me encadenan y limitan, la justicia que nos defiende no puede venir del mismo sistema que fomenta nuestras violaciones y asesinatos, en anuncios, películas y demás cultura.
Su sistema no nos representa, no lo ha hecho nunca y a mi personalmente me parece una forma más de sumisión el seguir confiando en sus promesas de cambio. En sus absurdas concesiones.
Su historia, sus diccionarios, sus libros, su obstetricia, su justicia, sus periódicos, el sistema de pensamiento dominante, no me representan.
Ultimamente tengo ganas, como me han enseñado a hacer, activistas tan enormes como Mohamed Ali, que supo reírse de manera brillante en la cara del opresor (nosotros/as los blancos) exponiendo el absurdo de la injusticia
            


o más reciente y más cercana mi amiga la activista Silvia Agüero, a renunciar a quien nos oprime. Tengo ganas de vaciar mi casa, mi mente y mi mundo de toda influencia patriarcal y aunque sé que es imposible, necesito desesperadamente trabajar con mujeres, leer a mujeres, ver cine de mujeres y pensar con mujeres. Porque aunque simbólicamente pareciera un acto radical y extremo, sería tan sólo un pequeñisimo gesto frente a los siglos de propaganda vivida.

Qué narices, que quiero reírme con la dignidad, elegancia, autoridad e inteligencia con la que lo hace Maya Angelou, quien supo trasgredir el horror que la vida y mi raza le intentaron imponer, no porque me rinda, no porque ignore y no porque no sepa lo que ocurre, si no porque mi lucha trasgrede al que me quiere víctima. Porque como muy sabiamente me dice mi psicóloga por email, casualmente o no, mientras escribo esto y hablando de este articulo "Hay un umbral de conciencia a partir del cuál ya no es necesario exponerse más a la información dolorosa" Y yo concluyo, ese umbral también lo quiero elegir yo.




           

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